SEÑOR AYÚDAME…

Señor, ayúdame a que mis ojos sean misericordiosos,

que jamás juzgue según las apariencias, sino que

mire lo bello que existe en el alma de mi prójimo.

  Ayúdame a que mi oído sea misericordioso,

para inclinarme hacia las necesidades de mi prójimo

y no permanezca indiferente a sus dolores.

  Ayúdame a que mi lengua sea misericordiosa,

para no hablar mal de mi prójimo, sino que tenga

palabras de consuelo y perdón para todos.

  Ayúdame a que mis manos sean misericordiosas y llenas

de buenas obras, que hagan bien a mi prójimo.

  Ayúdame a que mis pies sean misericordiosos, de forma que

acuda sin demora en auxilio de mi prójimo, sobreponiéndome

a mi propia fatiga y cansancio.

  Ayúdame a que mi corazón sea misericordioso, para que

sienta como míos los sufrimientos de mi prójimo.

Santa Faustina Kowalska.