María es nuestra Madre y Maestra.

María es nuestra Madre y Maestra, y en nuestro documento de Nuestra Espiritualidad Cordimariana (NEC) así lo plasmamos, queriendo hacer vida esta herencia que nos han dejado, Julian y Carmelita y que nuestras antecesoras Cordimarianas han querido vivir.

En este mes que termina dedicado a María, justo con la fiesta de la Visitación, o el Encuentro de María e Isabel, se vuelve más significativas estas palabras, que nos invitan a reconocer todo lo que María nos enseña. Te compartimos algúnos de los números que hoy pueden resonarnos de manera especial (NN. 95, 98 y 99):

La presencia de María en la Congregación es una experiencia carismática peculiar. Dentro del misterio de la Iglesia, de la que Ella es Madre, María es para nosotras las Cordimarianas:

  • Madre, que está en el origen de esta Congregación misionera y apostólica al servicio de la Iglesia.
  • Mujer, que vive profundamente su grandeza femenina y muestra la forma específica de ser mujer con un amor compasivo, asumiendo las situaciones humanas con todas sus implicaciones.
  • Formadora, pues con su acción maternal forma verdaderas y auténticas misioneras y apóstoles, tal como Ella engendró a Jesús y lo formó como misionero del Padre. Más en concreto, María con su acción maternal forma a sus misioneras a través de un proceso interior, como evangelizadoras para extender el Reino de Dios por todo el mundo.

Según la espiritualidad claretiana, María es la Mujer guerrera, Madre victoriosa, en la lucha contra el maligno y su descendencia. Esta lucha se continúa en el apostolado. La entrega apostólica, que se realiza en la profesión (CC.77), se plasma y se desarrolla mediante algunas actitudes que van configurando la vida de la Cordimariana:

  • Encontrar en Ella a la persona que inspira la síntesis vital que ha de elaborar cada Misionera a lo largo de toda su vida, hasta llegar a la plena unidad interior.
  • Acogerla como Madre y amarla como hijas, discípulas y apóstoles.
  • Imitarla en aquellas actitudes evangélicas en las que se muestra como la primera evangelizada y evangelizadora: su fe, su sentido de alabanza y de acción de gracias, su actitud de escucha y de disponibilidad, su interioridad, su sensibilidad ante las necesidades del pueblo, especialmente de los más pobres, su solidaridad en el dolor y la esperanza.
  • Imitarla en los comportamientos más típicamente misioneros: el modo de vivir como Jesús, abrazando en fe los consejos evangélicos, la acogida, la meditación, el anuncio de la Palabra de Dios, el sentido de la Cruz y la formación de la Comunidad Cristiana como familia del Reino.
  • Descubrirla como mujer consagrada que se transparenta en las mujeres comprometidas de nuestro pueblo y en la vida y la fe de la gente.
  • Venerarla a través del culto litúrgico, de las devociones marianas especialmente las de tradición Congregacional y de las manifestaciones de la apostólica al servicio de la Iglesia.
  • Proclamarla Bienaventurada, anunciando en nuestro apostolado la misión de María dentro del Misterio de Cristo y de la Iglesia.

¿Y a tí, qué te ha enseñado María de Nazaret, madre de Dios y madre nuestra? 

Algunas Misioneras Cordimarianas nos responden con sus propias palabras: