Madre Socorro Escoto Huerta

Desde muy niña experimenté el llamado de Dios a través de la naturaleza, la percibía en todo lo que iba viviendo: en mi entorno familiar, escolar y la catequesis que recibía de mis padres, ellos me enseñaron valores cristianos, morales, éticos, etc.

Mi primera inspiración por la vida religiosa fue al leer en una revista la vida de San Pascual Bailón que estaba bailando y dando el catecismo debajo de un árbol, de ahí me surgió el ser misionera. Fueron muchos acontecimientos y encuentros con Jesús que cada día se hacían más frecuentes. A los 16 años en una Hora Santa fue la experiencia más profunda, donde el Señor me llamó y me dijo que sí lo quería seguir, yo le dije que ¡SÍ!, y desde ese día yo seguí en constante comunicación con Él. Mis primeros años de vida  religiosa fueron muy hermosos, pues todo era color de rosa; conforme pasó el tiempo, fui madurando y vi que no todo era tan fácil, he tenido altas y bajas,  gracias a Dios y al Corazón de María cada experiencia que vivo me fortalce y me hace reflexionar sobre mi vocación ya que nunca he dudado de ella. Porque Dios me ama mucho y siempre vivo con alegría y gozo. Mi vida consagrada siempre está en busca de Dios para darle Gloria a Él con una entrega generosa en la misión que Él me pida.

En la actualidad estoy viviendo una experiencia vocacional más consciente y madura, personal y comunitariamente, de pronto veo como que se me acaba el vino, pero el Espíritu me da la fuerza y esperanza para seguir adelante siéndole fiel a Dios en mi vocación. Es difícil pero no imposible, con la gracia de Dios, en cada problema descubro que tengo una fuerza interior para superarlo y sigo con ese gozo la entrega generosa. Lo que me toca vivir ahora lo hago con amor, me cuesta mucho pero no estoy sola tengo a la Santísima Trinidad y a mi comunidad religiosa.

En este momento vivo en Nuevo Laredo, Tamps. En mi apostolado me siento realizada en la convivencia con la gente con quien trabajo me nutro espiritualmente y me siento feliz. Llego a casa, cansada pero satisfecha de haber trabajado por el Reino y la Gloria de Dios, al ver los rostros de la gente al recibir el mensaje del evangelio es para mí una vivencia personal, que me da vida y alimenta cada día.

Además, hemos tenido varios cursos de la escuela de San Andrés que me han dado muchas luces y herramientas para el apostolado y la misión que tengo encomendada en este momento.

Nota: Mi vocación religiosa se la debo a mis padres porque ellos me fueron guiando para descubrirla.

Me despido encomendándome en sus oraciones. Agradeciendo a Dios y al inmaculado Corazón de María que me acompañan siempre. Que Dios los bendiga.