Experiencia Vocacional M. Emilia Romo Romo MCM

Emilia Romo Romo MCM

Ingresé a la congregación en el año de 1955 a la edad de 15 años. En 1957 hice mi primera profesión religiosa como Misionera Cordimariana y mis votos perpetuos en 1963 en la Villa Cordimariana, en San Antonio Tx. Es decir, son 60 años como consagrada en este Instituto.

Empecé a descubrir mi vocación alrededor de los 6 años cuando hice mi primera comunión, a partir de entonces, todos los viernes primeros de cada mes caminaba una hora y media para ir a confesarme y recibir la sagrada comunión y a veces también comulgaba los domingos que bajábamos al pueblo. Recuerdo que siempre le pedía a Dios nuestro Señor que me iluminara para descubrir qué quería de mí. Lo que me ayudó mucho a mantener ese fervor desde niña, fueron los ejemplos de mis padres, mi papá era miembro de la adoración nocturna y mi mamá muy devota de los viernes primeros, así que yo diría que ellos fueron mis primeros acompañantes y promotores vocacionales al igual que mis demás hermanos, pues todos los días rezábamos el santo rosario en la capillita del rancho en el que vivíamos doce familias y así transcurrió mi infancia.

A la edad de 15 años, recuerdo muy bien que al estar escuchando las conversaciones en la casa de una de las familias del racho, les escuché decir que había llegado una misionera cordimariana a visitar a la familia Moreno, en la que había entre ellos unos hijos sacerdotes, cuando de repente, ya no pude seguir escuchando su conversación porque una voz diferente se interpuso y me dijo muy claramente al oído… “Emilia, Sígueme”, era una voz de varón, yo miré para todos lados pero no veía a nadie que no fuera de la casa, pregunté si alguna persona había hablado o llegado y me contestaron, “no, no ha venido nadie”. En cuanto llegamos a casa le dije a mi hermana: “yo quiero ir a hablar con la religiosa que está hospedada con la familia Moreno; porque “yo quería ser religiosa”, ella me dijo que fuera, que estaba bien. Llegué a la casa de los Moreno y conocí ahí a la madre María de Lara. Me dirigí a ella y le dije si me recibía en su congregación y recuerdo todavía con gran emoción que me contestó; “¡cómo no hijita!, ¡claro que sí! Pero… ¿tiene usted novio? Le contesté: sí, pero ellos se quedan, (porque no era uno, eran dos o tres).

Después de escuchar con atención los documentos que necesitaba para ingresar, me fui a casa a poner todo en orden, a hacer mi maleta y en dos horas estaba lista para viajar. Sólo me despedí de mi hermana, pues mi madre nos había dicho que cuando alguno de la familia fuera llamado a la vida religiosa, ella nos daría su bendición desde donde estuviera. Así que sólo le mandé a decir con mi hermana que me había ido al convento. Durante estos 60 años, trabajé en diferentes apostolados, 20 años en las comunidades de San Antonio Tx, 1 año en Kansas City y los demás los he vivido en las comunidades de México, actualmente llevo 25 años en esta comunidad de San José, en Cuernavaca Mor. Nuestro apostolado aquí es la evangelización a través de la Buena Prensa. Lo que me ha mantenido en fidelidad hasta ahora y que me ha hecho seguir respondiendo al llamado de Dios es la alegría y el agradecimiento de cada día que me regala para seguir diciendo “SÍ”. No recuerdo haber desistido nunca de mi vocación, o que algo me haya costado para seguir respondiendo, ni en el apostolado ni en la vida comunitaria, al contrario, cada día sigo escuchando esa voz que me dice: “Emilia Sígueme” aún a través del cáncer, mi problema de tiroides y de la embolia, ahí he seguido descubriendo y confirmando que Dios me sigue llamando. Un consejo que quisiera dar a quienes están empezando el caminar de la vida religiosa: “sean siempre agradecidas por todo lo que reciben, sean cercanas y serviciales con todas las personas, pero sobre todo con sus hermanas de comunidad”, eso me ha hecho feliz y perseverante. Y si me preguntan: ¿Vale la pena consagrar tu vida a Dios y al pueblo desde la espiritualidad Cordimariana? Mi respuesta es: ¡Claro que vale la pena!